Absentismo
Presentismo: el coste que no aparece en ningún informe
Estar en el puesto sin poder rendir no genera ningún registro, y hay bastantes indicios de que cuesta más que las bajas. Cómo reconocerlo, cómo estimarlo y por qué algunas medidas de absentismo lo empeoran.
Escrito por Roger Pont Bosch · fisioterapeuta colegiado Nº 15266 · tiempo de lector: 7 minutos ·
Hay un coste que no aparece en ningún cuadro de mando porque no genera ningún registro: la persona que está en su puesto, fichada y presente, rindiendo bastante por debajo de lo que puede porque le duele algo, ha dormido tres horas o está agotada.
Se llama presentismo, y varios trabajos publicados estiman que su coste supera al del absentismo. La cifra concreta varía mucho según el método, y por eso conviene manejarla con prudencia. La dirección del hallazgo, en cambio, es bastante consistente.
Por qué no se ve
Porque todos nuestros sistemas están construidos para contar ausencias. Un día de baja se registra, se cuenta y se cuesta. Ocho horas al 50 % de rendimiento no dejan rastro en ninguna parte, y además el trabajador se siente cumpliendo: ha ido a trabajar.
El absentismo se mide porque es fácil de medir, no porque sea lo que más cuesta.
Cómo se reconoce
No hay un dato que lo delate, pero hay señales que aparecen juntas:
- Errores y reprocesos que suben sin que cambie nada del proceso.
- Ritmo desigual dentro del turno: rendimiento que cae mucho en las últimas horas.
- Consultas de botiquín o consumo de analgésicos por encima de lo habitual.
- Molestias declaradas en las conversaciones de equipo que nunca llegan a baja.
- Bajas largas que aparecen «de golpe» en personas que llevaban meses arrastrando algo. Casi siempre había presentismo antes.
- Micro-ausencias: salidas frecuentes del puesto, pausas más largas, retrasos.
Ese penúltimo punto es el importante desde el punto de vista económico: el presentismo suele ser la fase previa de una baja larga. Detectarlo es la oportunidad de evitarla.
Cómo se mide
Se mide con cuestionarios validados, autoinformados y anónimos. Los que se usan habitualmente en investigación son el WPAI (Work Productivity and Activity Impairment), el WLQ (Work Limitations Questionnaire) y el HPQ de la OMS. Preguntan por los días con síntomas y por el grado en que estos han limitado el trabajo.
Se pueden incorporar a una encuesta de clima o de salud, y tienen una ventaja práctica: al ser anónimos y validados, se pueden repetir cada año y comparar. Dos cautelas: el anonimato tiene que ser real y percibido como real, y no se cruzan con datos de nómina que permitan identificar a nadie.
Las causas más frecuentes
Por lo que se ve en las consultas y en la literatura, cuatro grupos concentran casi todo:
- Dolor musculoesquelético: la molestia de espalda, cuello u hombro que no impide ir a trabajar y sí impide rendir. Es la causa más común de todas.
- Salud mental y agotamiento: ansiedad, ánimo bajo, sobrecarga sostenida.
- Falta de sueño, muy asociada a turnos rotativos y nocturnos.
- Procesos crónicos mal compensados: migraña, patología digestiva, alergias.
Lo que lo empeora, y suele venir de RRHH
Este es el punto incómodo. Algunas medidas contra el absentismo aumentan el presentismo de forma bastante directa:
- Complementos o premios por no faltar. Convierten ir enfermo en la opción rentable.
- Objetivos de absentismo por departamento, que trasladan la presión al mando y del mando a la persona.
- Cultura de «aquí nadie falta», sobre todo cuando el propio equipo directivo la ejemplifica.
- Plantillas sin margen, donde faltar significa dejar el trabajo a un compañero concreto. La presión ahí no la ejerce la empresa: la ejerce la culpa.
Una empresa con absentismo llamativamente bajo y clima tenso no tiene un logro: tiene un problema desplazado.
Qué reduce el presentismo
- Resolver la molestia antes de que sea baja. Acceso rápido a valoración y tratamiento del dolor musculoesquelético es la medida más directa que existe contra este coste.
- Permitir la adaptación temporal de tareas, para que la alternativa no sea solo «trabajar igual» o «estar de baja».
- Legitimar la baja cuando toca. Que el mando diga «vete a casa» sin coste social cambia el patrón más que cualquier política escrita.
- Trabajar la carga y el sueño, especialmente en turnos.
- Medirlo. Lo que no se mide no se prioriza, y este indicador se puede tener con una encuesta anual.
La forma corta de decirlo: el objetivo no es tener a todo el mundo presente. Es que quien está presente pueda hacer su trabajo.
Por qué en SOMA empezamos por la columna
El presentismo por dolor musculoesquelético es la parte de este coste que se puede resolver antes, y por un motivo práctico: la persona ya ha identificado la molestia, sigue en su puesto y todavía no hay un proceso de baja de por medio.
Empezamos por la columna porque es la molestia que más presentismo genera: la que no impide ir a trabajar y sí impide rendir las últimas horas del turno. Atenderla en ese momento cuesta unas sesiones; atenderla cuando ya es baja cuesta meses.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el presentismo laboral?
Estar en el puesto de trabajo sin poder rendir con normalidad por un problema de salud: dolor, agotamiento, falta de sueño o una patología crónica mal compensada. No genera ningún registro, y por eso no aparece en los cuadros de mando.
¿Cuesta más el presentismo que el absentismo?
Varios estudios estiman que sí, aunque las cifras concretas varían mucho según el método de medición. Lo que sí es consistente es la dirección del hallazgo: el coste oculto del rendimiento reducido es de un orden comparable o superior al de los días de baja.
¿Cómo se mide el presentismo?
Con cuestionarios validados, anónimos y autoinformados como el WPAI, el WLQ o el HPQ de la OMS, que preguntan por días con síntomas y por el grado de limitación en el trabajo. Se pueden integrar en una encuesta anual de salud o de clima y comparar entre años.
¿Los incentivos por no faltar aumentan el presentismo?
Sí, es uno de sus efectos más documentados: convierten acudir enfermo en la opción rentable. Lo mismo ocurre con los objetivos de absentismo por departamento y con las plantillas sin margen, donde faltar significa cargar a un compañero concreto.
¿Qué se puede hacer para reducirlo?
Lo más directo es resolver la molestia antes de que se convierta en baja, con acceso rápido a valoración y tratamiento del dolor musculoesquelético. A eso se suma permitir adaptaciones temporales de tarea, legitimar la baja cuando corresponde, trabajar la carga y el sueño, y medir el indicador para poder priorizarlo.
El siguiente paso
El presentismo por dolor de espalda o de cuello es el que se puede resolver antes. Si quieres saber cuánto tienes, se mide en una encuesta y se trata en semanas.
Y si todavía no quieres hablar con nadie: nueve preguntas, tres minutos y te decimos por dónde empezar.
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Cómo lo trabajamos
Contenido divulgativo dirigido a responsables de RRHH y dirección. No sustituye el asesoramiento de tu servicio de prevención de riesgos laborales, de tu gestoría ni una valoración sanitaria individualizada.