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Readaptación

Reconstrucción de LCA: el calendario real mes a mes

Nueve meses es la cifra que se repite, y es una media que a nadie le sirve. Esto es lo que se trabaja en cada fase, qué hay que cumplir para pasar a la siguiente y por qué volver a los seis meses multiplica el riesgo.

Escrito por Roger Pont Bosch · fisioterapeuta colegiado Nº 15266 · tiempo de lector: 9 minutos ·

La rotura del ligamento cruzado anterior es la lesión que más preguntas genera y la que peor se explica. El paciente sale del quirófano con una fecha en la cabeza —«a los seis meses juego»— y esa fecha no la ha puesto ningún criterio: la ha puesto la costumbre.

Vamos a ordenarlo. Con una advertencia previa: el protocolo lo marca tu cirujano. Las fases que siguen son el esquema general con el que trabaja la readaptación, y cada caso se ajusta al tipo de plastia, a las lesiones asociadas —menisco, ligamentos colaterales— y a la evolución individual.

Por qué el plazo importa tanto en esta lesión

Porque la tasa de segunda lesión es alta, sobre todo en deportistas jóvenes que vuelven a deportes de pivote. Y hay dos hallazgos que conviene tener presentes:

  • Volver a la competición antes de los nueve meses se asocia a un riesgo de nueva lesión claramente mayor. Cada mes adicional en ese tramo reduce el riesgo de forma apreciable.
  • Volver sin cumplir criterios funcionales, independientemente del tiempo, es el otro gran factor. Tiempo y criterios no son intercambiables: hacen falta los dos.
Nadie se vuelve a romper el cruzado por haber esperado un mes de más. Se rompen por haber vuelto un mes antes con una pierna que aún no era simétrica.

Antes de la cirugía: la prehabilitación

Es la fase que más se salta y una de las que más rinde. Entrar a quirófano con una rodilla que extiende del todo, sin derrame y con el cuádriceps activo se asocia a una recuperación posterior mejor. Si tu cirugía está a semanas de distancia, ese tiempo no es tiempo muerto.

Fase 1 · Semanas 0 a 2: recuperar la rodilla

Los objetivos son cuatro, y son poco espectaculares: controlar el dolor y el derrame, conseguir extensión completa, activar el cuádriceps y caminar con un patrón normal.

La extensión completa es la prioridad absoluta de este periodo. Una rodilla que se queda con un déficit de extensión en las primeras semanas es un problema que arrastra meses. La flexión se recupera después; la extensión, si se pierde, cuesta muchísimo más.

Fase 2 · Semanas 2 a 6: control y marcha

  • Rango completo de flexión de forma progresiva.
  • Abandono de bastones con marcha simétrica, sin cojear.
  • Fuerza de cuádriceps e isquiotibiales en cadena cerrada, sentadillas parciales, prensa en rangos controlados.
  • Trabajo de cadera y de glúteo, que es el que después decide el control de la rodilla en apoyo.
  • Propiocepción básica: apoyo monopodal estable.

Al final de esta fase la rodilla ya no debería doler en la vida diaria. Que no duela no significa que esté lista, y este es el punto donde más gente se confunde.

Fase 3 · Meses 2 a 4: fuerza de verdad

Es la fase larga, la aburrida y la que decide el resultado. El objetivo es construir fuerza real, no mantenimiento.

  • Entrenamiento de fuerza con carga progresiva: sentadilla, peso muerto, prensa, extensión y flexión de rodilla dentro de los rangos que el cirujano autorice.
  • Trabajo unilateral, que es donde se ve la asimetría de verdad: zancadas, subidas a cajón, sentadilla búlgara.
  • Introducción de pliometría de bajo impacto al final de la fase, solo si la fuerza lo permite.
  • Bici y elíptica para capacidad aeróbica. Carrera en línea recta hacia el final, y solo con criterios cumplidos.

El criterio habitual para empezar a correr no es una fecha: es fuerza de cuádriceps por encima de un umbral respecto a la pierna sana —se suele exigir en torno al 80 %—, sin derrame, con rango completo y capacidad de hacer saltos simples con buen control.

Fase 4 · Meses 4 a 7: potencia y gesto deportivo

Aquí entra lo que se parece al deporte. Pliometría progresiva, cambios de dirección programados, aceleraciones y frenadas, y trabajo específico del gesto de cada disciplina. La carga aumenta y la calidad del movimiento se vigila en cada progresión: si el control se rompe, se baja un escalón.

Fase 5 · Meses 7 a 9 y más: volver

Reintegración progresiva al entrenamiento con el equipo: primero sin oposición, después en tareas parciales, y por último el entrenamiento completo. Competir es el último paso, no el primero, y llega después de semanas de entrenar completo sin síntomas.

Los criterios de alta deportiva

Esta es la parte que convierte un plazo en una decisión. Las baterías de tests que se usan varían, pero el esquema es común:

  • Simetría de fuerza de cuádriceps e isquiotibiales respecto a la pierna sana, habitualmente por encima del 90 %.
  • Simetría en saltos —hop tests— en distancia y en control del aterrizaje, también en torno al 90 %.
  • Calidad del movimiento en tareas de salto y de cambio de dirección: que la rodilla no se vaya hacia dentro al aterrizar.
  • Rango completo y ausencia de derrame tras la carga.
  • Confianza psicológica, que se mide con cuestionarios validados y que predice el retorno mejor de lo que la gente supone.
  • Semanas de entrenamiento completo con el equipo sin incidencias.

La conclusión

La recuperación de un cruzado no se mide en meses, se mide en criterios. La fecha sirve para organizar la temporada; los tests deciden si estás listo. Si te dan el alta médica a los seis meses y tu pierna operada tiene un 75 % de la fuerza de la otra, no estás recuperado: estás autorizado a seguir trabajando.

Por qué en SOMA empezamos por la columna

En una rodilla operada, la simetría de fuerza es la mitad de la historia. La otra mitad es de dónde sale el control del aterrizaje, y sale de la cadera y del tronco: si la pelvis no se sostiene, la rodilla se va hacia dentro por mucho cuádriceps que haya detrás.

Empezamos por el eje porque es lo que hace que la fuerza ganada sirva para algo en el gesto real. No sustituye al trabajo de la rodilla: decide si ese trabajo se traduce en un aterrizaje seguro o en la misma mecánica que produjo la lesión.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda en volver a jugar tras operarse el cruzado?

La referencia habitual está entre nueve y doce meses para deportes de pivote, y volver antes de los nueve meses se asocia a un riesgo de nueva lesión claramente mayor. Pero el tiempo solo no basta: hacen falta también criterios de fuerza, salto y control cumplidos.

¿Cuáles son las fases de la recuperación de LCA?

A grandes rasgos: primeras dos semanas para extensión completa, control del derrame y activación del cuádriceps; hasta la sexta semana marcha normal y control; de dos a cuatro meses fuerza real; de cuatro a siete meses potencia y gesto deportivo; y de siete a nueve meses en adelante reintegración progresiva al equipo.

¿Cuándo puedo empezar a correr?

No por fecha, por criterios: fuerza de cuádriceps en torno al 80 % de la pierna sana, rango completo, sin derrame y capacidad de hacer saltos simples con buen control. En la mayoría de los casos eso ocurre a partir del tercer o cuarto mes, siempre con la autorización del cirujano.

¿Por qué es tan importante recuperar la extensión al principio?

Porque un déficit de extensión instalado en las primeras semanas es muy difícil de recuperar después y condiciona toda la rehabilitación. La flexión se gana más tarde sin problema; la extensión, si se pierde, cuesta meses.

¿Se puede volver a romper el injerto?

Sí, y la tasa de segunda lesión es de las más altas en deportistas jóvenes que vuelven a deportes de pivote. Los dos factores que más la reducen son volver a partir de los nueve meses y hacerlo cumpliendo criterios de simetría de fuerza y de control del salto.

El siguiente paso

Si te han dado el alta médica y no sabes en qué punto está tu pierna, se puede medir. La valoración de readaptación compara las dos piernas con tests objetivos y dice qué falta.

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