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Dolor de espalda

Lumbalgia crónica: mejoras, y a los meses vuelve

El patrón que más se repite en consulta. No es mala suerte ni es que tengas mala espalda: es la señal de que se ha aliviado el episodio sin cambiar lo que lo produce.

Escrito por Roger Pont Bosch · fisioterapeuta colegiado Nº 15266 · tiempo de lector: 8 minutos ·

La historia es casi siempre la misma. Un episodio fuerte hace años. Sesiones, mejora, alta. Meses bien. Y un día, agachándose a coger algo del suelo, otra vez. Cada vez con menos motivo y cada vez tardando un poco más en irse.

Cuando alguien cuenta eso, el problema a tratar ya no es el episodio de hoy: es el ciclo.

Qué significa "crónica"

En dolor lumbar se habla de agudo por debajo de seis semanas, subagudo entre seis y doce, y persistente o crónico a partir de los tres meses. Pero hay un patrón intermedio que es el más frecuente y el que peor se atiende: el recurrente, con episodios que van y vienen.

La distinción importa porque el tratamiento es distinto. Un episodio agudo se resuelve en la mayoría de los casos con movimiento, información y un poco de paciencia. Un cuadro recurrente necesita algo más: averiguar qué está fallando entre episodio y episodio.

Aliviar es el principio del tratamiento, no el final. La recaída no ocurre porque el alivio fuera falso; ocurre porque el alivio no construye capacidad.

Por qué vuelve

Tres motivos, y suelen darse a la vez.

El primero: se abandona el trabajo cuando deja de doler. El dolor desaparece bastante antes de que el tejido y la musculatura hayan recuperado capacidad. Ese hueco entre "ya no duele" y "ya aguanta" es donde vive la recaída.

El segundo: nadie ha mirado el reparto. Si la cadera no extiende, si la columna dorsal no rota o si el glúteo no aparece, la zona lumbar cubre esa diferencia en cada gesto. Se puede tratar el músculo lumbar indefinidamente: mientras siga haciendo el trabajo de otros, seguirá protestando.

El tercero: el sistema se ha vuelto más sensible. Tras varios episodios, el sistema nervioso aprende a anticipar. Protege antes, con menos estímulo. Eso explica que cada vez haga falta menos para que duela, y no significa que la espalda esté más rota.

Lo que suele estar detrás

  • Poca extensión de cadera, muy habitual en quien pasa el día sentado.
  • Poca rotación de columna dorsal, que obliga a la lumbar a girar por ella.
  • Glúteo que no sostiene en apoyo sobre una pierna.
  • Resistencia baja del tronco: aguanta bien un gesto, no aguanta la jornada.
  • Sueño y estrés, que bajan el umbral y explican por qué las malas semanas suelen coincidir con las semanas malas.
  • Miedo al movimiento, que reduce lo que se hace y con ello la capacidad.

Cómo se rompe el ciclo

No con una técnica distinta, sino terminando el proceso:

  • Fase 1 — bajar el episodio. Movimiento en la dirección que alivia, terapia manual donde está indicada y volver a la actividad normal cuanto antes.
  • Fase 2 — reconstruir el movimiento. Devolver rango a lo que está rígido y enseñar a repartir. Es la fase que casi todo el mundo se salta porque ya no duele.
  • Fase 3 — construir capacidad. Fuerza con carga progresiva, de verdad. Una espalda que no tolera peso es una espalda que recae.
  • Fase 4 — sostenerlo. El objetivo no es hacer ejercicios de espalda para siempre: es llegar a entrenar normal.

Plazos honestos: notar cambios en semanas es habitual. Cerrar el ciclo se mide en meses, y depende bastante de cuántos años lleve la historia.

Lo que conviene dejar de hacer

Buscar la postura perfecta: no existe, y la obsesión por sentarse recto genera más tensión que alivio. Repetir pruebas de imagen sin que la clínica haya cambiado. Y encadenar sesiones de alivio cada vez que aparece el episodio sin que nadie haya mirado nunca por qué aparece.

Por qué en SOMA empezamos por la columna

Que el dolor vuelva cada pocos meses no es mala suerte: es la señal de que se ha aliviado el episodio sin cambiar lo que lo produce. Nuestra visión parte de ahí — aliviar es el principio del tratamiento, no el final.

Y empezamos por la columna porque es donde se lee el reparto entero. En una lumbalgia recurrente casi nunca falla la lumbar: falla lo que hay alrededor y ella cubre la diferencia gesto tras gesto. Devolver rango donde no lo hay y capacidad donde no la hay es lo que rompe el ciclo, y es la parte que se salta quien deja de trabajar el día que deja de doler.

Preguntas frecuentes

¿Por qué me vuelve el dolor lumbar cada pocos meses?

Porque el episodio se alivió pero no se completó el trabajo: el dolor desaparece antes de que la musculatura y el tejido hayan recuperado capacidad. A eso suele sumarse una limitación de movilidad en cadera o columna dorsal que hace que la lumbar cubra el trabajo de otros en cada gesto.

¿Tengo mala espalda?

Casi nunca. Lo que suele haber es un reparto de carga que no se ha corregido y una capacidad que no se ha construido, y las dos cosas se pueden cambiar. Los hallazgos degenerativos de una radiografía aparecen también en muchísima gente sin ningún dolor.

¿Cuánto tarda en resolverse una lumbalgia crónica?

Notar cambios en las primeras semanas es habitual. Cerrar el ciclo de recaídas se mide en meses y depende mucho de cuánto tiempo lleve la historia y de cuánta actividad se haya perdido por el camino.

¿Debo llevar faja?

De forma puntual en una fase muy aguda puede dar seguridad para moverte, y ahí tiene sentido. Como solución permanente no: da sensación de protección mientras la llevas y deja la musculatura menos capaz, que es justo lo contrario de lo que necesitas para dejar de recaer.

El siguiente paso

Si llevas años con episodios que van y vienen, el objetivo de la valoración no es este episodio: es averiguar por qué hay un siguiente.

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Si esto te está pasando

Leer ayuda a entender lo que te pasa. Lo que decide el tratamiento es una exploración: qué tolera hoy tu cuerpo y por dónde se puede progresar.

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Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración profesional individualizada. Si tienes dolor, el siguiente paso es una valoración real.

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